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El Coliseo y el Cristianismo

La relación del Coliseo de Roma con el mundo cristiano

El Coliseo se construyó con una finalidad muy concreta: servir de espacio para la celebración de luchas de gladiadores (munera gladiatoria) y venationes o cacerías, además de algunas naumaquias. De este modo, desde su inauguración en el 80 d. C. el Anfiteatro Flavio acogió, durante los meses de diciembre, populosos espectáculos a los que acudían representantes de todos los sectores de la sociedad, los cuales se ubicaban en aquellas zonas de la cávea que estaban destinadas a los de su condición social y económica.

Algunos años antes del levantamiento del Coliseo, en el 64 d. C., se produce un devastador incendio en Roma que durante varios días arrasa gran parte de la ciudad. Siguiendo las afirmaciones de Dión Casio y Suetonio, durante siglos se ha abogado por considerar al propio Nerón como el causante de dicho incendio, quien culpabilizaría a los cristianos del mismo. Pero esta autoría parece no ser cierta, pues el propio emperador no se encontraba en Roma en ese momento  y acudió en auxilio de sus ciudadanos en cuanto se enteró de la noticia. En cualquier caso, Tácito cuenta que, como consecuencia de ello, Nerón persiguió a los cristianos, y estos fueron salvajemente asesinados. Eso sí, estas primeras muertes no se produjeron en el Anfiteatro Flavio, pues este no se había construido aún.

A partir de ese momento, las distintas persecuciones que sufrieron los cristianos hasta la promulgación del Edicto de Tesalónica por Teodosio I en el 380, que instauraba el cristianismo como religión oficial, los convirtió en mártires y algunos textos de los siglos XVI y XVII asociaron estos martirios al Coliseo.


Pero ¿qué hay de cierto en los sacrificios de cristianos?

La consideración de Roma como ciudad sagrada en la Edad Media determinó que a ella acudieran muchos peregrinos para visitar los lugares más importantes asociados al cristianismo. Esta afluencia trajo consigo la realización de itinerarios, como el aparecido en un texto del siglo IX conservado en Einsiedeln, itinerarios que guiaban a los peregrinos por los lugares más importantes.

Uno de las recopilaciones de textos más conocidas son las Mirabilia Urbis Romae, datadas en el siglo XI, en las cuales también se exponían narraciones sobre sucesos acontecidos en los edificios sagrados que se describían. En esta guía para peregrinos se indica que era en el circo Flaminio donde se llevaban a cabo los sacrificios de los mártires.

Tampoco los martirologios informan sobre el lugar donde se llevaban a cabo los martirios de los cristianos. Por tanto, aunque sí parece estar claro que los primitivos cristianos fueron perseguidos, no hay constancia de que se produjera ningún tipo de sacrificio dentro de los muros del Anfiteatro Flavio.


Sacralización del Coliseo: su uso como parte del Vía Crucis

Como hemos indicado, y a pesar de que no existían indicios de que en el Coliseo se diera muerte a cristianos, durante los siglos XVI y XVII se asocia este lugar al martirio cristiano. Influenciado por ello, en 1749 el papa Benedicto XIV lo convirtió en lugar santo para honrar la memoria de los allí fallecidos. En diciembre del año siguiente se produce un Vía Crucis auspiciado por el propio Benedicto XIV para celebrar que estaban en año santo. Este acontecimiento corrió a cargo del franciscano san Leonardo de Porto Maurizio, misionero italiano que se encargó de propagar las habituales procesiones que desde el siglo XVII realizaban los franciscanos en España.

Este se puede considerar el germen de la tradición anual del Vía Crucis, pues a partir de ese momento todos los viernes santos se realiza dicha procesión, encabezada por el Papa, que normalmente porta la cruz durante las 14 Estaciones que la componen, a la par que concede indulgencias plenarias a los fieles que lo solicitan. Es uno de los espectáculos católicos más populares de Roma, junto con la audiencia papal en el Vaticano.

Por tanto, a pesar de no estar constatado el asesinato de cristianos en el Anfiteatro Flavio, la tradición lo ha convertido en un elemento destacado en recuerdo de los mártires que perecieron a manos de los romanos.


BIBLIOGRAFIA

–   ALVAR EZQUERRA, Antonio. “Roma, al final del camino”. Cuadernos del  CEMYR. Núm. 6 (1998). 147-178.

–   AVELLIS, Luca. “Per una ricostruzione del Calendario Italico nel Martirologio geronimiano”. Vetera Christianorum. Núm. 50 (2013). 155-195.

–    BAUDY, Gerhard. Yo digo que Nerón no quemó Roma. Diario El Mundo. Crónica. http://www.elmundo.es/cronica/2001/322/1008590928.html

–   JIMÉNEZ SÁNCHEZ, Juan Antonio. “El martirio de Almaquio y la prohibición de los espectáculos de gladiadores”. Polis. Revista de ideas y formas políticas de la Antigüedad Clásica.  Núm. 20 (2008). 89-165.

–     TEJA, Ramón. El Cristianismo primitivo en la sociedad romana. Madrid: ed. Istmo, 1990. 233 pp.

–     TEJA, Ramón. “Historia y leyenda en la Roma del Quo Vadis?” Historia y cine. (1999). 5-31.

–     Vía Crucis del Coliseo presididos por el Papa. http://www.franciscanos.org/oracion/vcruzmemu.htm


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